Archivos para viento

Invierno Profundo

Posted in Reflexiones with tags , , , , on 27 Dic, 2010 by shadark

Al ritmo de esta canción, que hacía eones que no oía, volveré a publicar algo por este pequeño rincón mío.

Hace más de un año que no escribo nada… y como tal, han pasado muchas, muchísimas cosas. He ganado, he perdido, he luchado, he ayudado… en definitiva, he vivido. Quizás no como me imaginaba, pero lo he hecho. Y siendo sinceros, creo que he salido bastante bien parado de todo ello.

¿Qué es lo que me hace pensar eso? Simplemente, que sigo vivo. Y aunque puede que a veces sienta que el camino que tomé no es el correcto, sigo adelante con la cabeza bien alta. ¿Por qué? Porque lo que tengo por delante, aunque no sea lo que yo había esperado, sigue siendo mi camino. Y como tal tengo que seguir caminando por él y luchando por llegar al final, o al menos por disfrutar el tiempo que paso en él.

Escribo esto en la soledad de mi habitación, días antes de fin de año, con el frío rodeándome. Pero no es tan malo como se puede entender por estas palabras.
Una estufa calienta mi cuerpo, con lo que me olvido del resto de mi habitación y de si hace frío o no. Mis padres están cerca, con lo que la soledad se vuelve calidez. Aparte… tengo estas palabras que estoy escribiendo, y que aunque no lleguen a muchos de vosotros… es mi modo de hablar también con vosotros.

Supongo que en cierto modo quiero dejarme claro que he vivido, y que sigo viviendo, me ocurran cosas buenas o cosas malas. Que… no sé, que las prisas y los miedos no sirven de nada, y que tomarse la vida con calma es de las mejores cosas que podemos hacer.
Quizás mañana aparezcamos muertos, eso no se puede negar. ¿Y qué? Si he vivido siempre mi vida conforme a lo que yo he decidido, aunque no haya hecho todo lo que haya querido hacer, ¿qué problema hay? Yo podría morir mañana y sí, tendría pena por un montón de cosas inconclusas que dejaría atrás, pero… habría vivido feliz al menos. Y con prisas o miedos no se puede vivir feliz, es una infelicidad continua, y nadie debería tener que pasar por eso.

Creo que volveré a echarme la manta por encima y a recordar viejos tiempos (es lo que tiene estar en mi ordenador de sobremesa que tiene 7 años ya, el pobre).

Cerré mis ojos y los volví hacia mi corazón.
Como un hombre pide vino antes de luchar,
Pedí un sorbo de anteriores y más felices escenas
Esperando así poder cumplir bien mi cometido
Piensa primero, pelea después- el arte del soldado:
Un paladeo del tiempo pasado lo pone todo en orden.

Robert Browning – Childe Roland a la Torre Oscura llegó

Y un agradecimiento muy especial a la princesa que me volvió a dar la llave de esta biblioteca, que perdí hace mucho tiempo y que ahora he vuelto a encontrar. Sí, estaba en mi propio castillo, pero… un castillo tan grande y con tantas puertas, es normal que algunas habitaciones se olviden. Así que… gracias.

La batalla

Posted in Reflexiones with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on 19 Sep, 2008 by shadark

Entro. Cojo la llave de mi cuello. Rompo el cordón, no lo necesitaré más.

Abro el arcón. Sigue estando ahí, bajo el retrato de mi amada. Por ti, me repito, por ti lo hago. ¡Hasta la muerte!

Del arcón saco mi armadura. Llena de polvo, hace tiempo que no la uso. El mundo ha cambiado, pero yo no he olvidado aquello que aprendí hace tantos años. Froto con la mano el símbolo del pecho. Un águila en posición dócil, pero que tiene un brillo en los ojos. Sonrío al ver ese brillo, ya estaba ahí desde que la forjaron. Aquel viejo herrero me lo dijo, esta armadura es especial, pues mientras que luches por aquello en lo que crees no podrás ser vencido.

Me la coloco. No tengo a nadie que me ayude, pero aún así me la pongo igual. El peso me encorva un poco los hombros, pero se soporta bien. He perdido la forma, pero la recuperaré pronto.

Saco el resto de piezas de mi vestimenta. También me las pongo. Siempre que me ponía mi armadura, ella me decía, tú eres mi caballero andante y yo soy tu princesa. Luego hacíamos el amor, con lo que el trabajo de ponerla era en vano. Después, cuando ya estaba durmiendo, salía sigilosamente de la habitación y me la ponía bajo la luz de la luna.

Me di la vuelta. En la pared, allí estaba. Mi espada. La luz de la luna arrancaba reflejos dorados y plateados de su filo. A diferencia de la armadura, ésta no estaba oxidada, pues había entrenado con ella todos los días. En la empuñadura, grabada la figura de un círculo con dos muescas a los lados [ >O< ]. Es tu símbolo, me dijo aquel mago que me la dio, ya lo entenderás.

Bajé al patio del castillo. Allí me esperaban todos mis amigos y conocidos. ¡Has venido!, gritaban. ¡Ahora sí que los venceremos!. Nunca me había esforzado por inculcarles un trato de pleitesía. Siempre entrenaba con ellos, iba a las tabernas con ellos, me emborrachaba con ellos, hablaba con ellos. Ellos eran mis camaradas, mis amigos, mis hermanos.

Uno de ellos me alcanzó mi caballo. Aquel animal me había acompañado durante mucho tiempo. Habíamos cabalgado juntos por caminos que ya solo son un recuerdo del pasado. Ahora, volveríamos a cabalgar juntos una vez más. ¡Una sola galopada, y estaré contento! ¡Ah, las crines volando al viento, mientras que el aire entraba por las rendijas del yelmo y me hacía llorar los ojos del frío, pero también de la emoción!

Salimos por el puente levadizo. Hacia la colina del este. Allí habían dicho que sucedería.

Llegué y vi. Una hueste como nunca antes había visto. Millares de hombres con armaduras negras se agolpaban dentro de la depresión bajo la colina. Son ellos, dije, aquellos contra los que debemos luchar si no queremos que nuestros hogares se vean destruidos.

¡Ahora, hijos de la luz! ¡Marchad como un segador entre las mieses! ¡Penetrad en esa oscuridad y destruidla! ¡No cejéis en vuestro empeño! ¡Que caigan! ¡Que caigan! ¡Que caigan y que no puedan levantarse! ¡Su caída nos hará libres! ¡Ahora! ¡Por todo lo que habéis sufrido todos estos años, volved a defended vuestra libertad! ¡Por vosotros! ¡Por nosotros! ¡Por vuestras familias, vuestras mujeres y vuestros hijos! ¡Por nuestro pueblo! ¡Luchad! ¡Luchad con valor y honor! ¡Destruidlos, y recibiremos una recompensa divina más allá de lo imaginable! ¡Matad! ¡Matad, por el bien y la luz! ¡Su brazo armado somos nosotros, debemos librar a este mundo de la maldad y la oscuridad! ¡Ahora! ¡Por nosotros! ¡LUCHAD! ¡POR NOSOTROS! ¡AHORA! ¡MATAD! ¡LUCHAAAAAAAD!

Cabalgué. Hacia la depresión. Por nosotros. Por mí. Por mi amada.

Los gritos. Atrás, millares de gritos seguían mis pasos. De mis amigos. Parecía que sus palabras empujaban a mi montura hacia adelante. Bajé el yelmo. De nuevo, aquella sensación del viento acudió a mi mente, haciéndome llorar los ojos. Enarbolé la espada en lo alto. La luz de la luna se reflejó por completo en mi arma y en mi armadura, haciéndome brillar como un faro en medio de la oscuridad.

Cargué.

Mi espada segó. Almas, vidas, cuerpos, brazos y piernas cayeron ante mí. Mi armadura no fue plateada, sino roja. Roja como la sangre, roja como un rubí, como una joya. Una joya como mi amada.

Mis compañeros luchaban. Unos mataban, otros caían. Todos luchaban. Fui con ellos. Nuestros brazos fueron uno solo. Los oscuros fueron murendo en gran número. No podían con nosotros. Era imposible. Ellos eran muchos, pero nosotros éramos uno más poderoso que todos ellos. Éramos amigos, ellos soldados. Y no podían vencer.

Fue una dura contienda. Los cuerpos entorpecían el movimiento, pero parecía afectarles más a ellos que a nosotros. Sabíamos que ganaríamos, así que no nos preocupamos. Luchamos hasta que fueron destruídos.

Ganamos. Gritos de victoria, de júbilo y de alegría. Todos mis compañeros gritaban, incluso los caídos. El campo de batalla, teñido de rojo, iluminado por la luz de la luna, gritaba ahora de color azul celestial.

Caí. Después de eso caí. Es todo lo que recuerdo.

Ahora estoy en un agujero. Negro como el carbón. Mi espada y mi armadura ya no brillan. Llevo años vagando por estas tierras que no sé siquiera como son.

Pero sé una cosa. Algún día habrá luz, y ese día volveré a brillar. Y encontraré a mi amada. Eso lo sé. Como sé el significado de aquel símbolo de la espada [ >O< ].

No os lo revelaré, disculpadme. Pero si os lo revelara, puede que os cediera parte de mi carga, y eso es algo que no puedo hacer. O puede que tuviérais que compartir mi mismo destino, cosa que no sería capaz de haceros. No puedo cederos mi destino, pues ya tenéis el vuestro. Y todos debemos de cumplirlo.

Saludos.