Archivo para oscuridad

Bloque

Posted in Paranoias with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on 25 Oct, 2008 by shadark

¿Otra vez “The Last Firstborn”? Joder, es que no me dejáis más remedio.

Jodeos, no pienso poner lo de mi teoría. Habéis caído en mi trampa como pardillos, como siempre hacéis, siempre caéis. No aprendéis, bastardos de Gaia.

Ah, cierto. Un bloque, un bloque, un bloque…

¿Qué bloque? – preguntaréis, de nuevo os digo: No pienso contestaros. Si tengo que explicar todo lo que pienso no me llegan los 6 exabytes de información de Internet para hacerlo. Simplemente, sabedlo.

Temedme.

17:17; ¡17 pasos marcan el pasadizo a través del túnel neblinoso hasta la gran puerta Daédrica! ¡Prontamente el Ocaso se alzará sobre todos vosotros quemando la oscuridad y haciendo sombra a la luz! Ese día, podré contemplar cadáveres humeantes en una fosa común mientras que toco una de tantas trompetas del “Apocalipsis” (que viene a ser otro nombre para la misma cosa).

Apocalipsis

Apocalipsis

Algo así, vamos.

¡Quemaos, arded en las pútridas llamas de Oblivion! ¡Contemplad los ojos sin córneas del rey del Inframundo! ¡Humillaos ante los imperecederos vástagos de la eternidad!

¿Alzaos, y sed certeros? NO, por supuesto que no.

Sin más.

Hoy toca caos.

P.D: Lo siento.

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La batalla

Posted in Reflexiones with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on 19 Sep, 2008 by shadark

Entro. Cojo la llave de mi cuello. Rompo el cordón, no lo necesitaré más.

Abro el arcón. Sigue estando ahí, bajo el retrato de mi amada. Por ti, me repito, por ti lo hago. ¡Hasta la muerte!

Del arcón saco mi armadura. Llena de polvo, hace tiempo que no la uso. El mundo ha cambiado, pero yo no he olvidado aquello que aprendí hace tantos años. Froto con la mano el símbolo del pecho. Un águila en posición dócil, pero que tiene un brillo en los ojos. Sonrío al ver ese brillo, ya estaba ahí desde que la forjaron. Aquel viejo herrero me lo dijo, esta armadura es especial, pues mientras que luches por aquello en lo que crees no podrás ser vencido.

Me la coloco. No tengo a nadie que me ayude, pero aún así me la pongo igual. El peso me encorva un poco los hombros, pero se soporta bien. He perdido la forma, pero la recuperaré pronto.

Saco el resto de piezas de mi vestimenta. También me las pongo. Siempre que me ponía mi armadura, ella me decía, tú eres mi caballero andante y yo soy tu princesa. Luego hacíamos el amor, con lo que el trabajo de ponerla era en vano. Después, cuando ya estaba durmiendo, salía sigilosamente de la habitación y me la ponía bajo la luz de la luna.

Me di la vuelta. En la pared, allí estaba. Mi espada. La luz de la luna arrancaba reflejos dorados y plateados de su filo. A diferencia de la armadura, ésta no estaba oxidada, pues había entrenado con ella todos los días. En la empuñadura, grabada la figura de un círculo con dos muescas a los lados [ >O< ]. Es tu símbolo, me dijo aquel mago que me la dio, ya lo entenderás.

Bajé al patio del castillo. Allí me esperaban todos mis amigos y conocidos. ¡Has venido!, gritaban. ¡Ahora sí que los venceremos!. Nunca me había esforzado por inculcarles un trato de pleitesía. Siempre entrenaba con ellos, iba a las tabernas con ellos, me emborrachaba con ellos, hablaba con ellos. Ellos eran mis camaradas, mis amigos, mis hermanos.

Uno de ellos me alcanzó mi caballo. Aquel animal me había acompañado durante mucho tiempo. Habíamos cabalgado juntos por caminos que ya solo son un recuerdo del pasado. Ahora, volveríamos a cabalgar juntos una vez más. ¡Una sola galopada, y estaré contento! ¡Ah, las crines volando al viento, mientras que el aire entraba por las rendijas del yelmo y me hacía llorar los ojos del frío, pero también de la emoción!

Salimos por el puente levadizo. Hacia la colina del este. Allí habían dicho que sucedería.

Llegué y vi. Una hueste como nunca antes había visto. Millares de hombres con armaduras negras se agolpaban dentro de la depresión bajo la colina. Son ellos, dije, aquellos contra los que debemos luchar si no queremos que nuestros hogares se vean destruidos.

¡Ahora, hijos de la luz! ¡Marchad como un segador entre las mieses! ¡Penetrad en esa oscuridad y destruidla! ¡No cejéis en vuestro empeño! ¡Que caigan! ¡Que caigan! ¡Que caigan y que no puedan levantarse! ¡Su caída nos hará libres! ¡Ahora! ¡Por todo lo que habéis sufrido todos estos años, volved a defended vuestra libertad! ¡Por vosotros! ¡Por nosotros! ¡Por vuestras familias, vuestras mujeres y vuestros hijos! ¡Por nuestro pueblo! ¡Luchad! ¡Luchad con valor y honor! ¡Destruidlos, y recibiremos una recompensa divina más allá de lo imaginable! ¡Matad! ¡Matad, por el bien y la luz! ¡Su brazo armado somos nosotros, debemos librar a este mundo de la maldad y la oscuridad! ¡Ahora! ¡Por nosotros! ¡LUCHAD! ¡POR NOSOTROS! ¡AHORA! ¡MATAD! ¡LUCHAAAAAAAD!

Cabalgué. Hacia la depresión. Por nosotros. Por mí. Por mi amada.

Los gritos. Atrás, millares de gritos seguían mis pasos. De mis amigos. Parecía que sus palabras empujaban a mi montura hacia adelante. Bajé el yelmo. De nuevo, aquella sensación del viento acudió a mi mente, haciéndome llorar los ojos. Enarbolé la espada en lo alto. La luz de la luna se reflejó por completo en mi arma y en mi armadura, haciéndome brillar como un faro en medio de la oscuridad.

Cargué.

Mi espada segó. Almas, vidas, cuerpos, brazos y piernas cayeron ante mí. Mi armadura no fue plateada, sino roja. Roja como la sangre, roja como un rubí, como una joya. Una joya como mi amada.

Mis compañeros luchaban. Unos mataban, otros caían. Todos luchaban. Fui con ellos. Nuestros brazos fueron uno solo. Los oscuros fueron murendo en gran número. No podían con nosotros. Era imposible. Ellos eran muchos, pero nosotros éramos uno más poderoso que todos ellos. Éramos amigos, ellos soldados. Y no podían vencer.

Fue una dura contienda. Los cuerpos entorpecían el movimiento, pero parecía afectarles más a ellos que a nosotros. Sabíamos que ganaríamos, así que no nos preocupamos. Luchamos hasta que fueron destruídos.

Ganamos. Gritos de victoria, de júbilo y de alegría. Todos mis compañeros gritaban, incluso los caídos. El campo de batalla, teñido de rojo, iluminado por la luz de la luna, gritaba ahora de color azul celestial.

Caí. Después de eso caí. Es todo lo que recuerdo.

Ahora estoy en un agujero. Negro como el carbón. Mi espada y mi armadura ya no brillan. Llevo años vagando por estas tierras que no sé siquiera como son.

Pero sé una cosa. Algún día habrá luz, y ese día volveré a brillar. Y encontraré a mi amada. Eso lo sé. Como sé el significado de aquel símbolo de la espada [ >O< ].

No os lo revelaré, disculpadme. Pero si os lo revelara, puede que os cediera parte de mi carga, y eso es algo que no puedo hacer. O puede que tuviérais que compartir mi mismo destino, cosa que no sería capaz de haceros. No puedo cederos mi destino, pues ya tenéis el vuestro. Y todos debemos de cumplirlo.

Saludos.