Archivo para amor

Ella

Posted in Gente, Reflexiones with tags , , , on 05 Feb, 2012 by shadark

Difícil de definir, así es ella. Podría definirla solo con buenos adjetivos, pero estaría mintiendo. Ella sabe que la quiero con locura, pero todo el mundo (como yo) tiene su lado oscuro.

 

Así es ella. Un rayo de luz en mitad de la oscuridad. Un atisbo de sombra en medio de un mar de luz. La fuerza que hace que me levante todas las mañanas y a la que más temo cuando tira de mi hacia atrás. Temo la caída tanto como amo el camino que recorro junto a ella.

 

Como la brisa que mece el paisaje, pero que puede convertirse en un tifón; así es ella. O apagarse tanto que no se sepa si respiro aire o no estoy respirando en absoluto. Cuando se apaga, la penumbra cae sobre el universo. Cuando brilla, se apaga toda la oscuridad.

 

Tengo miedo de sus odios,  y tengo odio a sus miedos. Desearía que fuésemos perfectos, pero en lugar de eso… algo nos hizo humanos. Es la bendición y la maldición que deberemos soportar hasta el fin de los días. Una carga dulce, un alivio amargo. Mil soluciones que no funcionan para un único problema, y mil problemas que se arreglan con una sola solución. Hay de todo y siempre habrá de todo. Si no, nos quedaría la aburrida monotonía del devenir del tiempo.

 

Escribo sobre ella porque no sé qué decir sobre ella. Podría escribir palabras, pero seguramente ya las ha leído (oído) muchas veces. En lugar de escribir palabras, describo mi mente. No le abro mi corazón puesto que ya es suyo y ya sabe lo que siente, sino que le hago partícipe de mis pensamientos. De mi propia identidad, puesto que los sentimientos los conoce y son recíprocos.

 

Me gustaría escribir para poder quebrar la maldición, pero sé que no podré romper los eslabones (quizás, solo quizás, aflojarlos) aunque escriba el libro más largo del mundo. Tolerancia al remedio, podría ser. Dosis insuficiente, también. Remedio equivocado, también. Quizás sea que el remedio adecuado en la dosis adecuada sea con una dosis grande y pequeña, durante mucho y poco tiempo y con ese remedio pero también con otros. Y eso es imposible.

 

Pero el parásito sigue dentro de ella. Por mucho que explore su cuerpo, no consigo encontrarlo. Si consiguiese encontrarlo, podría intentar sacarlo aunque eso significase hacerle daño para abrirle la piel (lo hice) pero nunca lo he conseguido quitar por completo. Y eso es lo que no me deja dormir por las noches. Lo que hace que no me levante por las mañanas. Lo que consigue que no respire cuando estoy intranquilo y lo que hace que mi mente se corrompa a si misma tratando de encontrar la respuesta que puede que no exista, después de todo.

 

Es ella. Dolida, angustiada, risueña, alegre, terca, feliz, deprimida, triste, contenta, irritada, somnolienta, cansada, dormida, despierta. Todo eso es ella. Todas las alegrías y toda la tristeza, también es ella. Mi mayor aliada y mi mayor enemiga. La única persona a la que aprecio tanto como le tengo miedo. La que más bien me puede hacer, pero con la que más mal puedo sufrir.

 

Así es ella. Y por todo eso es por lo que la amo con locura, y la amaré hasta que entremos en el claro al final de la senda.

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La batalla

Posted in Reflexiones with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on 19 Sep, 2008 by shadark

Entro. Cojo la llave de mi cuello. Rompo el cordón, no lo necesitaré más.

Abro el arcón. Sigue estando ahí, bajo el retrato de mi amada. Por ti, me repito, por ti lo hago. ¡Hasta la muerte!

Del arcón saco mi armadura. Llena de polvo, hace tiempo que no la uso. El mundo ha cambiado, pero yo no he olvidado aquello que aprendí hace tantos años. Froto con la mano el símbolo del pecho. Un águila en posición dócil, pero que tiene un brillo en los ojos. Sonrío al ver ese brillo, ya estaba ahí desde que la forjaron. Aquel viejo herrero me lo dijo, esta armadura es especial, pues mientras que luches por aquello en lo que crees no podrás ser vencido.

Me la coloco. No tengo a nadie que me ayude, pero aún así me la pongo igual. El peso me encorva un poco los hombros, pero se soporta bien. He perdido la forma, pero la recuperaré pronto.

Saco el resto de piezas de mi vestimenta. También me las pongo. Siempre que me ponía mi armadura, ella me decía, tú eres mi caballero andante y yo soy tu princesa. Luego hacíamos el amor, con lo que el trabajo de ponerla era en vano. Después, cuando ya estaba durmiendo, salía sigilosamente de la habitación y me la ponía bajo la luz de la luna.

Me di la vuelta. En la pared, allí estaba. Mi espada. La luz de la luna arrancaba reflejos dorados y plateados de su filo. A diferencia de la armadura, ésta no estaba oxidada, pues había entrenado con ella todos los días. En la empuñadura, grabada la figura de un círculo con dos muescas a los lados [ >O< ]. Es tu símbolo, me dijo aquel mago que me la dio, ya lo entenderás.

Bajé al patio del castillo. Allí me esperaban todos mis amigos y conocidos. ¡Has venido!, gritaban. ¡Ahora sí que los venceremos!. Nunca me había esforzado por inculcarles un trato de pleitesía. Siempre entrenaba con ellos, iba a las tabernas con ellos, me emborrachaba con ellos, hablaba con ellos. Ellos eran mis camaradas, mis amigos, mis hermanos.

Uno de ellos me alcanzó mi caballo. Aquel animal me había acompañado durante mucho tiempo. Habíamos cabalgado juntos por caminos que ya solo son un recuerdo del pasado. Ahora, volveríamos a cabalgar juntos una vez más. ¡Una sola galopada, y estaré contento! ¡Ah, las crines volando al viento, mientras que el aire entraba por las rendijas del yelmo y me hacía llorar los ojos del frío, pero también de la emoción!

Salimos por el puente levadizo. Hacia la colina del este. Allí habían dicho que sucedería.

Llegué y vi. Una hueste como nunca antes había visto. Millares de hombres con armaduras negras se agolpaban dentro de la depresión bajo la colina. Son ellos, dije, aquellos contra los que debemos luchar si no queremos que nuestros hogares se vean destruidos.

¡Ahora, hijos de la luz! ¡Marchad como un segador entre las mieses! ¡Penetrad en esa oscuridad y destruidla! ¡No cejéis en vuestro empeño! ¡Que caigan! ¡Que caigan! ¡Que caigan y que no puedan levantarse! ¡Su caída nos hará libres! ¡Ahora! ¡Por todo lo que habéis sufrido todos estos años, volved a defended vuestra libertad! ¡Por vosotros! ¡Por nosotros! ¡Por vuestras familias, vuestras mujeres y vuestros hijos! ¡Por nuestro pueblo! ¡Luchad! ¡Luchad con valor y honor! ¡Destruidlos, y recibiremos una recompensa divina más allá de lo imaginable! ¡Matad! ¡Matad, por el bien y la luz! ¡Su brazo armado somos nosotros, debemos librar a este mundo de la maldad y la oscuridad! ¡Ahora! ¡Por nosotros! ¡LUCHAD! ¡POR NOSOTROS! ¡AHORA! ¡MATAD! ¡LUCHAAAAAAAD!

Cabalgué. Hacia la depresión. Por nosotros. Por mí. Por mi amada.

Los gritos. Atrás, millares de gritos seguían mis pasos. De mis amigos. Parecía que sus palabras empujaban a mi montura hacia adelante. Bajé el yelmo. De nuevo, aquella sensación del viento acudió a mi mente, haciéndome llorar los ojos. Enarbolé la espada en lo alto. La luz de la luna se reflejó por completo en mi arma y en mi armadura, haciéndome brillar como un faro en medio de la oscuridad.

Cargué.

Mi espada segó. Almas, vidas, cuerpos, brazos y piernas cayeron ante mí. Mi armadura no fue plateada, sino roja. Roja como la sangre, roja como un rubí, como una joya. Una joya como mi amada.

Mis compañeros luchaban. Unos mataban, otros caían. Todos luchaban. Fui con ellos. Nuestros brazos fueron uno solo. Los oscuros fueron murendo en gran número. No podían con nosotros. Era imposible. Ellos eran muchos, pero nosotros éramos uno más poderoso que todos ellos. Éramos amigos, ellos soldados. Y no podían vencer.

Fue una dura contienda. Los cuerpos entorpecían el movimiento, pero parecía afectarles más a ellos que a nosotros. Sabíamos que ganaríamos, así que no nos preocupamos. Luchamos hasta que fueron destruídos.

Ganamos. Gritos de victoria, de júbilo y de alegría. Todos mis compañeros gritaban, incluso los caídos. El campo de batalla, teñido de rojo, iluminado por la luz de la luna, gritaba ahora de color azul celestial.

Caí. Después de eso caí. Es todo lo que recuerdo.

Ahora estoy en un agujero. Negro como el carbón. Mi espada y mi armadura ya no brillan. Llevo años vagando por estas tierras que no sé siquiera como son.

Pero sé una cosa. Algún día habrá luz, y ese día volveré a brillar. Y encontraré a mi amada. Eso lo sé. Como sé el significado de aquel símbolo de la espada [ >O< ].

No os lo revelaré, disculpadme. Pero si os lo revelara, puede que os cediera parte de mi carga, y eso es algo que no puedo hacer. O puede que tuviérais que compartir mi mismo destino, cosa que no sería capaz de haceros. No puedo cederos mi destino, pues ya tenéis el vuestro. Y todos debemos de cumplirlo.

Saludos.

Ignorancia, desinformación y para-noias varias anteriormente (para-variar) (es un chiste esto del paréntesis anterior)

Posted in Paranoias with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on 18 Sep, 2008 by shadark
And now it’s “you know who”
I got the “you know what”
I stick it “you know where”
You know why, you don’t care.


¿Queda algo más que decir? Parece que no, lo de que “os den” ya está muy visto, pero no puedo desearos otra cosa. Como leí una vez en un libro, sabia frase: “Que viváis muchos años, pero no con buena salud“.

Autocita de algún sitio: El dolor es muerte, la vida es dolor, el amor es vida, la muerte es sufrimiento, el sufrimiento es amor.

Exactamente, he mentido en unas cuantas palabras de esa frase. A ver si adivináis cuáles.

Grotesco, ¿no es cierto? Pero qué se le va a hacer, si este mundo es tan mierdas que toda la gente está deseando que acabe. O al menos así me lo parece, están más obsesionados por mirar en qué año se acabará el mundo que en regar las plantas. ¿Es que nadie va a pensar en las plantas?

NO, NO ES UN BLOG ECOLOGISTA. ES UN BLOG REAL, VERDADERO, DONDE LAS COSAS SE LLAMAN POR SU NOMBRE Y LAS TARTAS SON REDONDAS, LA TORTILLA LLEVA PATATA Y LA MAYONESA SALMONELOSIS (o como quiera escribirse, tampoco soy biólogo, refiérase al segundo enunciado de este párrafo, si es usted tan amable de retroceder su mirada unas cuantas líneas, aunque no tengo la más remota idea de cuántas líneas serán, ya que este mierda editor es distinto del aspecto futuro real del artículo del blog)

Casi, casi consigo recordar quién era antes de la desinformación. La información es poder, el poder es poder. Todo el mundo quiere poder. Yo quiero poder, pero estoy desinformado. La desinformación es el auténtico CÁNCER que afecta a este mundo, ni el hambre, ni las ganas de comer. Maldita información, panacea real de la medicina.

El mejor remedio para la desinformación… la IGNORANCIA COMPLETA DE CUALQUIER DATO QUE PODAMOS LLEGAR A OBTENER. Si no conocemos nada, no podemos quejarnos de que no lo conocemos. El peor daño que nos pueden hacer es darnos el hueso para lamerlo y luego quitárnoslo sin llegar a roerlo. Podría robarlo, podría morder al amo para cogerlo, podría quedarme sin hueso. Pero como soy una hermosíiiiiisima persona, mi maldita educación (también véase asquerosas normas sociales) me impide hacer las 2 primeras.

Para que veáis, la sociedad nos hace reprimirnos. Seguro que algún filósofo lo dijo ya, tipo Freud o alguien así. Bueno, que conste que no lo sé, pero tras cortos años de deliberaciones he llegado a esa conclusión.
No a la represión podría ser un buen grito de guerra.

Pero no grito, que es de noche y los vecinos se pueden molestar.

Hasta otra ocasión.

P.D: MUERTE.

(¿Lo había

comentado

ya?)

El Jardinero

Posted in Gente, Reflexiones with tags , , , on 01 Sep, 2008 by shadark

“Una rosa es una rosa es una rosa” – Gertrude Strain

Paseaba por mis tierras. Vastas como una eternidad, aún sin explorar por completo, siempre iba descubriendo nuevas cosas. Hasta que la vi. La rosa.

Negra como el azabache, no era oscura, sino hermosa. Irradiaba una belleza y elegancia que (quizás) nunca antes había visto. Parecía como si un centenar de hadas estuvieran revoloteando a su alrededor, bailando y cantando, haciendo una fista en honor a la vida y a la belleza. Me quedé inmediatamente ensimismado contemplándola. Pasó un tiempo antes de que me diera cuenta de que no estaba sola. A su alrededor crecía un intrincado tapiz de maleza. En medio de esta maleza había otra clase de flores. Hermosas a su manera, pero no tanto como la rosa. La maleza estropeaba aquella belleza. Aquella belleza por la que estaba a punto de llorar de alegría por haberla hallado, pero también de tristeza. En algún rincón de mi corazón sentía que no podría tenerla, no podría estar toda mi vida contemplándola.

Volví desolado a mi morada. Al día siguiente seguí vagando por mis tierras, cuando volví a ver la rosa rodeada de aquella vegetación. Daba igual por donde fuera: todos los días hallaba la rosa en mi camino. ¿Obsesión? Puede que sí, aunque creo que tal vez fuera el destino el que la pusiera en mi camino, aunque ella no lo supiera. Cada día se hacía interminable pensando en la rosa… incluso cuando estaba a su lado, las palabras se me hacían un peso en la lengua y la trababan. Además, aunque no quise reconocerlo, en presencia de toda aquella maleza se me hacía imposible comunicarme con la rosa, sentía aquella sensación de que me estaban observando todos mis pasos: “Ven, háblale: hazlo y nos reiremos de ti, nos burlaremos, te humillaremos hasta que ya no puedas más y la dejes. Pero aún así seguiremos arrastrándote hasta el fango del que procedes, luego te dejaremos allí y te escupiremos. Simplemente, no tenemos otra cosa que hacer.”.Era una tontería, lo sé, pero aquellas voces en mi cabeza todos los días seguían diciéndolo una y otra vez y, creedme, se hace difícil no hacer caso de lo que dicen.

A la rosa no parecía importarle aquella malvada vegetación que iba extendiendo su red a su alrededor, que le robaba su alimento y el agua. Más aún, parecía divertida y cómoda en medio de la maleza. Y eso era algo que no podía permitir: yo era Greendar, el jardinero; no podía dejar morir la belleza de aquella manera… tenía que hacer algo.

Regresé a mi casa. Decidí que había que actuar. Había llegado el momento de acabar con todos. El odio acumulado contra aquella maleza sería liberado ahora: esas infames plantas debían ser arrancadas de raíz para que el mal pudiera ser extirpado. Yo sería el justiciero que exterminara la maldad de mis propias tierras.

Únicamente armado con mis manos, me dispuse a arrancar las plantas que enturbiaban la belleza de la rosa. Intentaron defenderse, pero las aniquilé sin compasión ninguna. Tiré de ellas hasta que sus raíces salieron a la luz. Usé toda mi fuerza para arrancarlas todas. Me pincharon, sangré, pero no cejé en mi empeño.

Cuando acabé, las aparté a un lado. Instantáneamente, todas ellas se encogieron sobre sí mismas y murieron. Miré a la rosa.

“Ahora nada nos separará, rosa. Estamos tú, yo y esas otras flores, pero ellas no molestarán.”

Pero la rosa no estaba contenta. Parecía enfadada. ¿Era posible que un ser tan bello hubiera desarrollado una extraña simbiosis con aquellas plantas del infierno? ¡No! ¡No podía ser cierto! ¡La belleza no puede verse mezclada con la maldad!

“No eran malas” – dijo la rosa – “Solo buscaban un sitio donde vivir. Puede que alguna sí que lo fuera, pero has destruído vidas que realmente no eran malvadas. Y me has dejado sola. Y no puedo vivir sola, y te odiaré por haberme quitado a mis compañeros de terreno. Ahora, vete. No puedo verte.”

“¡No! ¡Eran malvadas! ¡Ocultaban tu belleza! ¡Ven conmigo! ¡Te pondré en el mejor sitio de mi casa! ¡Te regaré! ¡Te mimaré!”

“Ahora ya es tarde. Puede que antes hubiera ido contigo, si me lo hubieras pedido, pero no puedo ir a tu casa después de lo que me has hecho. No fuiste capaz de superar tus miedos, y fracasaste.”

“¡NO!”

Desperté. Aún estaba en mi casa. Fui a dar una vuelta y allí seguía la rosa, rodeada de maleza. Tenía otra oportunidad. Me introduje en medio del matorral y agarré la rosa. Inmediatamente sus espinas me desgarraron la palma de la mano.

“¡Ven conmigo! Te cuidaré mejor que en este sitio.”

“No, no quiero irme. Déjame aquí tranquila… estoy a gusto y cómoda; tengo todo lo que necesito.”

Intenté tirar de ella, pero las espinas se hicieron más grandes y partieron mi mano por la mitad. Con ayuda de la otra y agarrándola por la parte superior, conseguí arrancarla de aquel infierno. Pero en el momento en que la observaba en mi mano, sus pétalos comenzaron a caer al suelo.

“No debiste hacerlo… ahora me has perdido para siempre. Sabías que no querría irme contigo, por eso me arrancaste, y ahora me moriré. Pero tú morirás de peor forma, con mi recuerdo clavado en tu mente y sabiendo que quitaste una belleza del mundo…”

“¡NO!”

Desperté.

Soy Greendar, el jardinero, y ahora tengo otra oportunidad. No sé como lo haré, pero no descansaré hasta que pueda ver a la rosa todos los días en mi hogar. Solo deseo que sus espinas no se claven esta vez. Aunque la más profunda ya lo ha hecho.